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lunes, 22 de abril de 2024

En la AMIA, exponen imágenes tomadas por el fotógrafo de la CONADEP hace cuatro décadas

En el Espacio de Arte de la AMIA, será inaugurada la muestra Evidencias. Fotografía de Enrique Shore, el jueves 25 de abril, a las 18.

En conmemoración de los 40 años del informe final de la Comisión Nacional Sobre Desaparición de Personas (CONADEP), Nunca Más, que fue entregado al entonces presidente, Raúl Alfonsín, el 20 de septiembre de 1984.

La exposición incluye impactantes imágenes tomadas por Enrique Shore, cuando fue convocado por la CONADEP para registrar, con su cámara, testimonios gráficos sobre desapariciones forzadas, torturas y asesinatos, que se presentaron ante la Justicia.

La muestra cuenta con la curadoría de Elio Kapszuk, director de Arte y Producción de AMIA.

"Cuatro décadas después, estas fotos nos constituyen, ya son parte del cuerpo social y de la memoria colectiva de nuestro país. Son parte de nuestro patrimonio visual. Y son, en esencia, como lo dice el título de la muestra, evidencias de lo que ocurrió", reflexionó Kapszuk en el texto curatorial de la exposición. 

A través de 176 fotografías, Evidencias abarca grandes temas en los que Enrique Shore se destacó a lo largo de su notable carrera.

Evidencias podrá visitarse hasta el viernes 31 de mayo en el Espacio de Arte AMIA, con entrada gratuita,

Para ingresar al edificio de Pasteur 633, CABA, de lunes a jueves de 10 a 19, y los viernes de 10 a 16, es necesario concurrir con DNI.

miércoles, 27 de septiembre de 2023

Gabriel Llorens Rocha (coautor de Puede fallar): "Los gobiernos no explican cuando algo sale mal"

 
"Los gobiernos y los políticos fueron poco sinceros a la hora de hacer balances, y explicar qué salió mal del Plan Austral o de la Convertibilidad", resumió el periodista y experto en comunicación Gabriel Llorens Rocha, quien acaba de publicar junto al economista Andrés Borenstein el libro Puede fallar

Este volumen, editado por Planeta, revisa y analiza los 40 años de democracia argentina y hace foco, precisamente, en la economía y la comunicación. 

"Buscamos continuidades y cambios en la historia, bajo la premisa de aprender del pasado", señaló en una charla #SinBarbijo con El Informatorio

"Tenemos que ser sinceros y hablar con claridad. Debe ganar la transparencia. Pero habrá pasado que muchas veces preferimos que nos mientan, porque no queremos asumir la realidad. Entonces, nos convertimos en cómplices", subrayó. 

"Ahora, hay tres candidatos presidenciales con chances ganar las elecciones. Y la pregunta es 'cuánta verdad estamos dispuestos a escuchar'. Venimos de diez años de recesión y con una inflación desbocada", reflexionó el cofundador de Bond, consultora de Comunicación y Asuntos Públicos. 

"Apostamos a que la conversación sea más sincera", subrayó el coautor del libro Puede fallar. Economía y comunicación en 40 años de democracia

"En estas cuatro décadas, hay cosas que se repiten y otras que no. Es cierto que estamos en una situación inflacionaria que se parece demasiado a la de los años 80, un problema con la deuda similar y una crisis política con reminiscencias del pasado", comentó Gabriel Llorens Rocha, en otro segmento de la charla #SinBarbijo con El Informatorio

"Como decía Rodolfo Terragno, 'Crecer es cambiar de problemas'. A diferencia de otros países de la región, nosotros seguimos estancados en el tema de la inflación", prosiguió.

 
A la hora de evocar programas económicos que dejaron sus sellos en estos cuarenta años, memoró que "tanto el Plan Austral (Alfonsín - Sourrouille) como la Convertibilidad (Menem - Cavallo) tuvieron comienzos promisorios. Lo mismo que Kirchner y Lavagna, quienes lograron estabilizar la economía, ya en 2003/2004".

"Para el libro Puede fallar -que escribimos con Andrés Borenstein-, entrevistamos a Jorge Remes Lenicov, responsable de la salida de la Convertibilidad en 2002 (N. de R.: tras la crisis institucional que derivó en la caída del gobierno de Fernando De la Rúa). En su obra, 115 días para desarmar la bomba, el ex ministro de Duhalde deja un legado y explica qué se hizo bien y qué mal", aseguró.

"Además, Remes cree que Duhalde perdió los comicios de 1999 porque hizo público lo que él, como economista, le había recomendado: salir de la Convertibilidad, porque era un modelo agotado", deslizó. 

Los votantes no estaban preparados para escuchar algo semejante. "Y tampoco hubo decisión de hacer un service a la paridad 1 a 1, en el 96. Hubiera sido necesario hacer sintonía fina, como dijo alguna vez Cristina Fernández: aplicar política a la economía", se lamentó.

"En general, los políticos fueron poco sinceros a la hora de hacer esos balances, queriendo exacerbar lo positivo y tapar lo malo (o adjudicarle la culpa a otro)", admitió. 

A continuación, el periodista y especialista en PR sintetizó por qué Alfonsín priorizó la democracia, por encima de las cuestiones económicas (a pesar de que la dictadura militar había dejado una situación catastrófica)

Al analizar el fenómeno Milei, sostuvo que "es una reacción a la creciente participación del Estado, como consecuencia de una demanda social fuerte".

"Revisar los dos primeros años del gobierno de Carlos Menem, de 1989 a 1991, nos permitió ver que hubo sendas hiperinflaciones y el Plan Bonex. Hasta que llegó Cavallo. Imaginemos qué pasaría hoy si tuviéramos dos años más con una situación similar a la actual", pensó en voz alta. 

Y destacó el papel que jugó el propio Menem en esa época: "reconstruyó la conversación pública: jugaba al fútbol, iba a programas de TV. Cambió la comunicación y, de esa forma, cambió el clima". 

"Uno de los aprendizajes que nos quedó es que, en los momentos de crisis, las opciones son pocas. Quien asuma el 10 de diciembre, más o menos duro, deberá equilibrar las cuentas públicas y aplicar un programa de estabilización de la moneda, y de reactivación", concluyó. 

"Dolarizar es una receta que tiene muchas contraindicaciones, como afirman muchos economistas. Y también es complejo desde el punto de vista de la comunicación, porque implica renunciar a una moneda propia. Es cierto que posee un aura mágica", sentenció Gabriel Llorens Rocha antes de despedirse de la charla #SinBarbijo con El Informatorio.

sábado, 20 de junio de 2015

M. O'Donnell se consagra con Born, Reato desnuda al peronismo caníbal (Doce noches), y Balmaceda anuncia anécdotas brillantes en Estrellas del Pasado

Penguin Random House dispone de un amplio catálogo de textos valiosos para regalar a los padres. O a quien se merezca estas joyitas para leer, aprender, pensar, polemizar y (porqué no) entretenerse.

Entre los más recientes títulos, hay tres que sobresalen. Por un lado, se destaca uno de los libros de 2015 (aun cuando estemos a días de llegar a mitad de año), Born, que consagra a María O'Donnell como una gran periodista y escritora.

Por primera vez, Jorge Born rompe el silencio y cuenta detalles de su cautiverio a manos de los Montoneros, que secuestraron a él y a su hermano Juan, para recaudar u$s60 millones -un poco más de u$s260 millones a valores actuales-, en 1975.

Este botín no ha sido superado en el mundo: sigue número 1 en la lista de los rescates más caros de la historia.

Más allá de que el destino de muchos de esos millones todavía sigue siendo un misterio -pasó de manos de Firmenich y Cía. en distintas etapas y partes al desaparecido banquero David Graiver, la Cuba de Fidel Castro, bancos europeos e incluso campañas políticas-, la autora trata de seguir la ruta del dinero a partir de investigaciones propias, pesquisas judiciales, testimonios de personajes históricos y, por supuesto, la palabra del heredero del grupo Bunge y Born.

Así como queda claro que el móvil principal del brazo armado de la Tendencia peronista era económico, también resulta evidente que, a pesar de la planificación casi perfecta de la captura y cautiverio de los hermanos, no tenían idea de cómo iban a cobrar el rescate, ya que carecían de nociones básicas sobre qué volumen representaba semejante cantidad de billetes, así como las dificultades logísticas para cobrarlos.

Sin duda, Born resulta apasionante y revelador, e incluso polémico, en especial, para quienes idealizan la lucha armada de los 70. O los mismos protagonistas que no salen beneficiados con esta historia hasta ahora inédita.


En Doce noches, otro título muy recomendable, Ceferino Reato reconstruye la crisis de 2001-2002 que se llevó puesto al gobierno de la Alianza, que encabezaba Fernando de la Rúa; habilitó el regreso al poder del peronismo por vía parlamentaria, y derivó en una sucesión de presidentes provicionales (Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saa y Eduardo Camaño), hasta llegar al interinato de Eduardo Duhalde.

Se trata, claro está, del período más convulsionado de la historia argentina reciente. Y el periodista Reato logra darle una visión profunda y reveladora, sin perder nunca la redacción prolija, clara y atrapante.

De hecho, queda instalada la idea de que, más allá de las deficiencias de la administración delarruista, hubo no solo un avance del PJ para desalojarlo del poder. Sino que, además, Raúl Alfonsín y sus seguidores pudieron haber contribuido a que ese proceso se materializara.

En el medio de esos acontecimientos, subyace la interna peronista que boicoteó el breve interregno de Rodríguez Saa (el autor consigue una descripción inédita sobre cómo vivió el puntano esas celerísimas horas de gloria y fracaso), para que, con la colaboración alfonsinista, fuese, finalmente, el caudillo de Lomas de Zamora quien se sentara en el sillón de Rivadavia.

Esas doce jornadas infernales, y el mandato posterior de Duhalde, cobran, por si fuera poco, mayor dimensión aún porque abrieron los puertas de la Casa Rosada a los Kirchner, en 2003.

Podría ser una novela, la de la debacle institucional de comienzos de la década. Pero, lamentablemente, es la realidad que supera a la ficción. Y Ceferino Reato se ocupó de escribirla.

Un volumen necesario para entender la dinámica caníbal del poder en el país.

Con esa magnífica capacidad de abordar la historia argentina con solvencia, desacartonamiento, rigurosidad, originales puntos de vista y sentido del humor, Daniel Balmaceda publicó otra obra con destino, como todos sus libros, de best-seller: Estrellas del pasado.

Con una portada muy atractiva -que refuerza la capacidad del historiador y periodista para ser garantía de suceso y de calidad en las librerías-, el texto de contratapa promete que "en Estrellas del pasado espiaremos a San Martín en una fiesta pidiendo a una cotorrona para bailar, a Belgrano conduciendo a trescientos hombres lejos del infierno de Vilcapugio, a Sarmiento calzándose una peluca, a Rosas como un padre celoso de su hija, a Mitre haciendo de gasista en su barrio, a Fangio y a Victoria Ocampo aprendiendo a manejar, a Brown vestido con la bandera argentina, a Gardel víctima de punguistas, a Marcelo T. de Alvear haciendo bromas por teléfono, al general Paz fabricando un aparato ridículo y también conoceremos al ET argentino. Con anécdotas compiladas a través de una ardua investigación de cartas, memorias, biografías, expedientes, partes de batalla, tradiciones orales y periódicos, Daniel Balmaceda descubre hechos desconocidos de nuestra historia".

lunes, 19 de mayo de 2014

#VamosArgentina: River campeón, Boca y equipos de primera apoyan a Messi & Cía, gracias a Quilmes

Cerveza Quilmes sumó el aliento de los equipos de primera división del fútbol argentino para la selección nacional, durante la 19ª fecha del Torneo Final 2014, que consagró a River Plate como campeón.

Quilmes, sponsor oficial de la albiceste y representante de las pasiones de los argentinos, logró unir a los jugadores locales con camisetas de la Argentina y banderas con la leyenda #VamosArgentina, con la mira puesta en Brasil 2014.

Esta acción, por supuesto, contó con la participación de los clubes mayoritarios del país, el flamante ganador de la Copa Raúl Alfonsín y su clásico adversario, Boca Juniors, que terminó la primera mitad del año con una victoria sobre Gimnasia y Esgrima La Plata.

De esta forma, el team, que dirige Alejandro Sabella (a) Pachorra, cuenta con el apoyo simbólico de todos los hinchas y futbolistas argentinos.




miércoles, 24 de octubre de 2012

Libros: reedición de Diario de la Argentina reivindica la literatura "maldita" de Jorge Asís

"Nunca más vuelvo a dinamitar los puentes que transité", me dijo Jorge Asís alguna vez, a mediados de los 90, cuando todavía vivía como funcionario y diplomático del menemismo y amagaba con volver part-time a la literatura.

Quien esto escribe había crecido con el mito de aquella novela maldita, dedicada de manera inequívoca a Clarín.

A más de una década, todavía recordaba la tapa de ese libro (ver imagen de abajo a la derecha) que mi padre leía con entusiasmo. Al terminar, lo prestó a un amigo que, como suele suceder, olvidó la regla básica y jamás lo devolvió.

Y la fantasía de acceder a ese texto inhallable permaneció hasta ahora.

Pasó el tiempo, Diario de la Argentina no se reeditaba y la leyenda se agigantaba.

Por suerte, para su propia supervivencia, después de haber sufrido la administración de Raúl Alfonsín, Asís se recicló como embajador e intelectual del peronismo de Carlos Menem, tal como antes había dejado de escribir libros para trabajar de periodista.

En ese momento, nació el texto que lo convertiría en "mala palabra" para el cada vez más poderoso medio de la señora de Noble & Magnetto, y sus satélites.

Hace casi 20 años, el diplomático Asís parecía arrepentido de aquella osadía: "nunca vuelvo a dinamitar los puentes que transité", repetía.

Pero, quién lo diría, el omnipotente multimedios terminó transformándose, ya en 2008, en la "encarnación del Mal", un grupo económico vilipendiado en voz alta, enfrentado, desafiado desde el mismo gobierno hasta tratar de llevarlo al desguace, incluso con una Ley de Medios a medida.

Y Asís, aunque ningún portavoz del kirchnerismo lo reivindicara (como tampoco lo hace con el difunto fundador de Ambito Financiero, Julio Ramos, el solitario empresario periodístico que se atrevió a usar el término "monopolio" como sinónimo de "Clarín" desde fines de los 70), obtuvo un tácito reconocimiento inesperado que permitió que Sudamericana, el mismo sello que lanzó aquella perdida edición en 1984, relanzara esta obra que parecía condenada a un recuerdo que convenía olvidar.

Si bien muchos protagonistas de la novela siguen vivos, y pueden sentirse aún molestos por las alusiones indiscretas y hasta despiadadas de aquel irreverente escritor, es probable que los almanaques transcurridos hayan morigerado los daños colaterales, o incluso los hayan hecho prescribir.

Más allá de estas especulaciones, ¿qué periodista, incluso los que se vieron afectados por la creación del inefable "Turco", no ha fantaseado con tener el talento, el tiempo, la inconciencia y la valentía de escribir su propio Diario de la Argentina, después de abandonar una redacción, fuera por voluntad propia y, sobre todo, como consecuencia de un despido?

Asís, quizá, lo tenía muy claro en el mismo momento en que tecleaba su novela: "en todo periodista asalariado persiste inexorablemente el deseo hondo de entrar en una sucursal de correos y despacharlo (el telegrama), en la formal renuncia siempre está implícita una puteada, un 'váyanse al carajo, miserables', que suena a reivindicación, a revancha, a desahogo", sentencia en uno de sus pasajes.

De cualquier forma, Diario de la Argentina se transformó en un texto imprescindible para descubrir la trastienda de un medio gráfico, el más importante del país, pero también conocer los tejes y manejes de una empresa importante -no necesariamente periodística-, con sus luchas intestinas y las relaciones no siempre transparentes con el poder político y económico.

El mejor, o el peor según como se mire, Jorge Asís describe con palabras y frases crueles, incisivas, trepidantes y sarcásticas la vida cotidiana de aquella redacción de Clarín, donde se libraban desde pequeñas escaramuzas personales hasta grandes batallas institucionales.

A pesar de los detractores, el autor de Diario de la Argentina (ya está en imprenta la segunda tirada, dicho sea de paso) demuestra aquí por qué puede ser considerado un osado innovador de la literatura argentina.

Para alivio de Asís, no fue necesario que repitiera la voladura del puente en 2012. Esta vez, el trabajo está en manos de "especialistas": la plaza está sitiada por las fuerzas gubernamentales & aliados, y el TNT alcanza para destruir cualquier construcción alrededor de Clarín.

Habrá que ver si la detonación resulta efectiva. O, al final, ¿la pluma demostrará ser, por enésima vez, más poderosa que la espada?

viernes, 1 de octubre de 2010

Libro: Marshall Meyer, el rabino que le vio la cara al diablo, evoca al héroe moral que luchó vs. dictadura

La evocación de Marshall Meyer, escrita por el periodista Diego Rosemberg, es un saludable y necesario aporte al revisionismo de la sangrienta década del 70, ya que presenta una figura paradigmática que, con un coraje inusual, tuvo la osadía de romper esquemas religiosos y políticos para salvar vidas durante la dictadura.

Hablar de un héroe que ayudó a sus prójimos sin otra arma que sus convicciones, y que se enfrentó a los militares -y a la guerrilla- poniendo en riesgo su pellejo y el de su mujer e hijos, suena reconfortante y conmovedor en medio de algunas reivindicaciones, producto del fanatismo o de la caradurez.

El libro, que forma parte de la colección Paisanos de editorial Capital Intelectual, relata en forma didáctica la trayectoria de este rabino estadounidense que llegó a la Argentina con una misión religiosa de 2 años, y terminó transformándose en promotor de la convivencia con otros credos, y con los ateos, y en defensor de los derechos humanos, cuando mencionar esa frase podía equivaler a firmar la propia sentencia de muerte. Para cumplir la tarea permaneció un cuarto de siglo en el país.

El volumen tiene un subtítulo impactante -El rabino que le vio la cara al diablo- que refleja el encuentro de Meyer con uno de los líderes de la represión ilegal: el comisario Miguel Etchecolatz, lugarteniente del trístemente célebre Ramón Camps.

Esa reunión, narrada en forma intensa y precisa por Rosemberg, se produjo cuando el protagonista pidió por Jacobo Timerman, a quien las fuerzas estatales habían tomado prisionero en forma ilegal en 1977.

"Este cura es un pastor que busca una oveja de su rebaño, y sé que vos sos el ladrón que te la llevaste" reproduce el autor la demanda enérgica de Meyer ante el entonces poderoso Etchecolatz.

El capítulo, sin duda, es uno de los más logrados.

Hay que destacar que el libro no omite señalar algunas acusaciones -nunca comprobadas- que salpicaron al rabino, así como tampoco la interna de la colectividad que, como la gran mayoría de la sociedad argentina, prefirió callar, en un fatal silencio, y censurar el activismo de MM.

De particular interés son los episodios en que Meyer se entrevista con autoridades israelíes -que vendían armas al regimen castrense-, y estadounidenses para interiorizarlos sobre las desapariciones en el país. Y pedirles ayuda.

También sobresalen los vínculos que lo unieron a Raúl Alfonsín, Adolfo Pérez Esquivel, Hebe de Bonafini, el democristiano Augusto Conte y los monseñores Novak y De Nevares, así como la amistad con los periodistas Robert Cox y Herman Schiller, judío como él pero enrolado en el pensamiento de izquierda y en el agnosticismo.

Pero, sobre todo, estremecen los lazos de afecto y compromiso que estableció con los detenidos y sus familiares.

Por cierto, la participación de Meyer en la CONADEP, cuyo informe final lleva por título Nunca Más a instancias del mismo rabino, fue el merecido desenlace para quien tanto había hecho por defender la vida de sus coterráneos argentinos.

Así como la sinagoga donde oficiaba Meyer se transformó en refugio para muchos perseguidos en esos años de plomo, este libro que lo recuerda sirve para demostrar que siempre, aún en las etapas más nefastas de la historia, existen situaciones o personas que reconcilian al ser humano consigo mismo.

martes, 2 de junio de 2009

Cartelera porteña: De San Martín a Cristina Kirchner, conviven en Mirá lo que hay que escuchar

Más de 100 personajes de la historia argentina cobran vida, a través de frases de San Martín, Sarmiento, Roca, Perón, Frondizi, Galtieri, Alfonsín y Cristina Fernández de Kirchner, entre otros, en la obra de teatro Mirá lo que hay que escuchar, de Patricio Orozco.

Con un elenco que no supera los 30 años, se presenta los domingos a las 19, en la sala Bioy Casares, del porteño Centro Cultural Borges (Viamonte esquina San Martín).

Entrada General: $30 (descuento a jubilados y estudiantes: $15).

domingo, 27 de agosto de 2006

Política argentina: ¿renace la alianza Duhalde-Alfonsín con virtual aval de la UCR a Lavagna?

Roberto Lavagna, el ex ministro de Economía de Eduardo Duhalde y de Néstor Kirchner, y negociador del canje de la deuda externa argentina, quedó virtualmente habilitado por el principal sello opositor, la Unión Cívica Radical (UCR), para presentarse como candidato en las presidenciales de 2007, y enfrentar así al kirchnerismo que apuesta a la continuidad, sea con el actual mandatario o su esposa, la senadora Cristina Fernández de Kirchner.
La convención del radicalismo, que sesionó en Rosario (la segunda ciudad de la Argentina), resolvió abrir el diálogo con fuerzas afines, de cara a los comicios del año que viene. Y ratificó su papel anti-K.

Sin nombrarlo -de hecho, Lavagna todavía no admitió sus pretensiones en público-, el ex ministro recibió el espaldarazo de 65% de los representantes.
El resto de los delegados no asistió debido a que gobernadores e intendentes con ficha de afiliación radical forman parte de una coalición en cierne, bajo el ala kirchnerista.

El ex Presidente Raúl Alfonsín (1983-1989) se ocupó en persona de arengar avales para RL, así como propiciar la expulsión de los mandatorios que optaron por cobijarse en los brazos K, sospechados de haberse casado por conveniencia (los recursos financieros que gira la Nación hacia el interior del país equivaldrían a la dote).

La coalición que alienta el gobierno nacional no sólo dividió a la UCR. El Partido Justicialista (Peronista), si bien se alinea mayoritariamente detrás de quien ejerce el poder, sufre la diáspora de un sector que se mantiene leal al antecesor de Kirchner, Eduardo Duhalde (2002-2003), y que se adelantó a proclamar a Lavagna como aspirante a destronar al clan K en 2007.

Las relaciones entre duhaldistas y alfonsinistas siempre dieron frutos, aunque en este caso nadan contra la corriente.
A fines de la década pasada, esta alianza impidió el segundo intento reeleccionista de Carlos Menem (1995-1999). En 2002 sirvieron de puente para que Duhalde, ex gobernador de Buenos Aires, le diera con su asunción estabilidad a la Casa Rosada, tras la sucesión de breves interregnos que herederon la debacle de Fernando de la Rúa (1999-2001), también radical pero de signo opuesto al de Alfonsín.

Marcelo Mendieta (http://elinformatorio.blogspot.com/)

viernes, 9 de junio de 2006

Lavagna y Macri se espantan: volvió Menem y completó una semana "de luxe" para K

Néstor Kirchner debe estar exhultante, y no porque confíe ciegamente en la selección nacional y se imagine una cómoda victoria frente a Costa de Marfil. La única que victoria que le importa al Presidente argentino es la del Frente, su Frente para la Victoria, que lo conducirá -está convencido- a la reelección, o a la consagración de Cristina Fernández, su esposa, más allá de 2007. K debe estar entusiasmadísimo con las últimas novedades de la cartelera política criolla.
Elisa Carrió no acaba de hacer pie y, cual tentempié, tambalea de derecha a izquierda (Binner y los eternos socialistas). Ni siquiera hacer denuncias contra Julio De Vido la estimula.
Roberto Lavagna -hoy el más serio retador del pingüinismo- aparece rodeado del dúo "piantavotos" que anima Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde.
Mauricio Macri -en plena calentura electoral- se apresura a lanzar su candidatura presidencial, a 24 horas de un Mundial que eclipsa cualquier campaña. Una tapa del diario "Clarín" para ayer puede ser hambre para pasado mañana.
Por si fuera poco, reaparecieron en la misma semana el ex mandatario aliancista, Fernando de la Rúa -en ocasión de la causa judicial por supuestas coimas a senadores en 2001-, y el antecesor de este último y rival del santacruceño en el 2003, Carlos Menem.
A De la Rúa, se nota, le han cambiado la medicación: habla hasta por los codos con los periodistas y hasta parece lúcido. Se defiende de las acusaciones y con argumentos bastante convincentes. Parece un sosias, un doble, pero serio, de sí mismo. Lástima que los médicos iniciaron tarde el tratamiento. Además del libro que promociona con "su verdad" del asunto del soborno y otras delicias de la vida con la Alianza -que saldrá a la venta en julio-, merecería este jubilado radical, por lo menos, un programa de cable.
Podría ser un envío de culto como el recordado "Todo por $2", de los cómicos Capusotto y Alberti (hoy en "Qué noche Bariloche", en el teatro Lorange), o el que estelariza la desopilante dupla Carlos Bilardo- Héctor "Bambino" Veira por Fox Sports, con el pretexto de dar "lecciones" de fútbol a las mujeres durante el torneo de la FIFA (!?).
Incluso De la Rúa, para seguir con la línea de duettos, podría compartir cartel con Menem, quien también deambula desde hace un mes por sets de TV en busca de la fama perdida (no perdió la mala, por cierto). Harían un programa excepcional, muy divertido, clase B, casi bizarro.
Para alegría del gobierno, el riojano irrumpió anoche, en vísperas del estreno del combo de José Pekerman en Alemania 2006. Inoportuno, como Macri, para anunciar, por enésima vez, que él se suma a la competencia presidencial del año que viene.
Y ahora llega la peor noticia para Lavagna y Macri: Menem consideró que el ex ministro de Duhalde y más ex ministro de Kirchner puede ser "un buen candidato", al mismo tiempo que dejó entreabierta la posibilidad de una entente con el titular de Boca y líder de Compromiso para el Cambio/PRO. "¡Vade retro!" habrán gritado a coro Lavagna y Mauricio.
Después de una semana tan propicia, el patagónico puede descorchar esta noche, aunque pierda Argentina (¡Dios no lo permita!), una botella de auténtica champaña francesa. La mesa ya la tiene más que servida.
Marcelo Mendieta (http://elinformatorio.blogspot.com/)

jueves, 1 de junio de 2006

Alfonsín se aferra a Lavagna, mientras la UCR se licua (de lo que se salvaron Carrió, López Murphy y Olivera)

Raúl Alfonsín volvió a calzarse el guardapolvo, con la intención de retomar su arte de alquimista. Es cierto: fracasó con el Tercer Movimiento Histórico en los 80, con todo el aval de los votos, y, ya en la decadencia, con la Alianza de radicales y frepasistas en los 90 que terminó peor que su propio gobierno: con un Presidente, huyendo por la azotea en diciembre de 2001.
RA -¿hay que recordarlo?- se tuvo que ir 6 meses antes de concluir su mandato en el 89, en medio de un incendio hiperinflacionario.
Del otro, en la vereda de enfrente, siempre estuvo el peronismo, alentando las caídas en busca del Poder, la meca eterna de Perón y sus discípulos.
Hay un dicho que sentencia "la tercera es la vencida". Y Alfonsín, que no quiere perderse en un geriátrico en Chascomús o que lo releguen a una estatua de marmol en la Casa Rosada, sueña con devenir en factotum de la candidatura de Roberto Lavagna, el exitoso ex ministro de Néstor Kirchner devenido en las últimas horas protagonista excluyente del tiro al blanco de los lanzadores pingüinistas, desde Felisa Miceli -actual titular de Economía y discípula- hasta el inefable piquetero oficial Luis D'Elía.
Hábil animal político, el ex primer mandatario recogió el guante que lanzó K con su propuesta de hacer una "concertación" y transformar opositores en súbditos, como si fueran sopa instantánea, y así continuar en el gobierno más allá de 2007.
Al llamado "plural" del patagónico, Alfonsín contrapuso una concertación "en serio", que podría liderar RL. La carrera de Lavagna hacia los comicios presidenciales del año que viene parece irreversible y no porque el caudillo de la quinta sección electoral forme parte de ella, o la aliente.
A don Raúl le resulta más sencillo escapar hacia adelante -como hizo en el 94 con el Pacto de Olivos sellado con Carlos Menem, o la entente UCR-FrePaso más recientemente-, y ubicarse en un escenario donde faltan líderes opositores de calibre para fogonear a Lavagna, en lugar de ocuparse de lo que debería: dar batalla en su frente interno y tratar de poner orden en su centenario partido.
La reaparición de Alfonsín coincide con el enjuague de los gobernadores e intendentes radicales que imaginan un vice de Kirchner para el 2007 (el mendocino Julio Cobos) y otro para la fórmula bonaerense (¿el lord mayor de San Isidro, Gustavo Posse?).
Pero, ¿qué puede hacer un añejo cacique de ennegrecida boina blanca, sin "caja" o suficiente valoración doméstica? Hacer declaraciones y ubicarse en otro plano, bien cerca del potencial rival de K que más lo identifica. ¿Le servirá a Lavagna el apoyo de un ex Presidente que ni siquiera puede retar -y menos aún esperar que le hagan caso- a sus díscolos herederos del radicalismo? ¿Terminará Alfonsín yéndose del radicalismo o el radicalismo que mantiene cierto poder en el interior se fue definitivamente de Alfonsín y de la UCR? ¿Estamos hablando de un sello de goma? ¿Qué es hoy el radicalismo: los kirchneristas o los que resisten, Roberto Iglesias, Gerardo Morales, Ernesto Sanz, Rodolfo Terragno? ¿Alfonsín?
Habría que reconocer a esta altura el mérito de Elisa Carrió, Ricardo López Murphy y Enrique Olivera -hoy referente del ARI de "Lilita" en la ciudad de Buenos Aires-, que hicieron las valijas a tiempo y hoy pueden decirse y sentirse más radicales que muchos directivos que todavía tienen ficha de afiliación partidaria pero trabajan para otro club, el de la reelección. O que están, atrapados en un cascarón gigante sin contenido, preocupados sólo en evitar la fuga en masa de correligionarios que quieren entrar en la adornada y cálida pinguinera VIP.
El caso de Olivera es notable: nadie puede dudar su raigambre radical. Tampoco de su trayectoria y caballerosidad (ni siquiera sucumbió ante los dardos que le hicieron tirar desde Olivos a Rafael Bielsa en la campaña legislativa pasada; el ex canciller, casi un postrado K en la actualidad, terminó pidiéndole disculpas después de una saga de atinadas marchas atrás posteriores a la desesperada campaña en Capital Federal).
Olivera es uno de los pocos radicales con experiencia de gobierno: administró la ciudad de Buenos Aires, tras la salida de Fernando de la Rúa del palacio municipal a la Rosada y hasta la llegada de Aníbal Ibarra.
Y puede decirlo con orgullo. Salió indemne de esa función pública, usina de tentaciones non sanctas que parece maldita: desde Menem para acá, casi no hubo intendente o jefe de gobierno que saliera ileso del cargo. Carlos Grosso, Saul Bouer, Jorge Domínguez, De la Rúa mismo y su jardinero, Ibarra...
Lo que dice Olivera, entonces, sobre la transfugueada de los radicales K tiene un valor extra, frente a tanta palabra devaluada. "El electorado radical de todo el país va a optar por ser oposición a Kirchner, tal como ya lo hizo en la Ciudad de Buenos Aires en las últimas elecciones", dijo el ex jefe de la ciudad.
"Elisa Carrió defiende los principios históricos del radicalismo, como lo son el imperativo moral, la causa de los desposeídos y el respeto irrestricto de las instituciones republicanas. Esta tradición nos coloca muy lejos de la pretensión de convertir al radicalismo en furgón de cola del kirchnerismo", sentenció Olivera.
Mientras tanto, Alfonsín manda a Federico Storani y a Leopoldo Moreau (hoy director de Relaciones Institucionales del multimedios América, cuyo principal dueño es el empresario y diputado Francisco De Narváez -a quien Kirchner descalificó como "el Berlusconi del subdesarrollo"-, habitual contertulio de Lavagna) a masajear la espalda de Lavagna. Como antes hicieron con socialistas y peronistas en los 80, o con el kirchnerista Carlos "Chacho" Alvarez y la desaparecida Graciela Fernández Meijide a fines de la década pasada. Para salir del atolladero, la táctica alfonsinista funcionó. ¿Funcionará esta vez? Qué problema para Lavagna y sus amigos.
Marcelo Mendieta http://elinformatorio.blogspot.com/

martes, 7 de marzo de 2006

Juicio político: destituyeron a Ibarra con ayuda del gobierno de Kirchner

¿Fue una victoria de los familiares de las víctimas? En parte, sí. Pero, seguramente, esperan un fallo contundente de la Justicia, donde se tramita la causa penal por la masacre de Cromañón. La destitución de Aníbal Ibarra, consumada a las 17 del martes 7 de marzo, es un comienzo para esos padres que no encuentran consuelo, que no tienen paz y, posiblemente, nunca la tengan.
Sin duda, la caída del jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires es una derrota total de la Casa Rosada. Néstor Kirchner lo llamó en público “el amigo Aníbal”, durante un acto en la sede gubernamental, hace 2 semanas.
Y Alberto Fernández, que no se lleva bien con el vicejefe Jorge Telerman –ahora heredero del trono ibarrista hasta el 9 de diciembre de 2007, al menos en los papeles-, hizo lo que pudo por arrojar un salvavidas tras otro: hasta armó una solicitada el domingo con la rúbrica de artistas de la talla de Adriana Varela o León Gieco, o del actor Alfredo Alcón. No alcanzó.
Alentó la movilización de micros del conurbano bonaerense para colaborar con la movilización del jueves 2, en contra de la destitución. Fue suficiente para llenar la plaza de Mayo, pero no para torcer la voluntad de una decena de legisladores, preocupados en su gran mayoría por no ganarse el escrache de los padres de 194 chicos muertos en circunstancias demenciales. Aunque algunos pueden haberlo hecho por convicción, mientras sus jefes partidarios, desde Macri a Carrió –ex madrina de Aníbal-, miraban el proceso por TV.
Es una derrota del gobierno K porque, más allá de estos ademanes de primeros (y onerosos)
auxilios, no hubo nunca respaldo explícito a Ibarra. Hubo un acompañamiento por interpósitas personas, culposo, que hizo recordar cuando, tras aquel fatídico recital de Callejeros en el barrio porteño del Once, el Presidente de la Nación permanecía ajeno a todo en su terruño santacruceño, esperando –en familia- el fin de año 2004. Como si nada malo hubiera pasado en el país.
En definitiva, la guillotina que terminó ayer con la cabeza cortada de Ibarra fue desempolvada por el propio Kirchner. Apenas asumió el 25 de mayo de 2003, imaginó que ese instrumento serviría para hacer una depuración en la Corte Suprema menemista, que resultaba imprescindible. Lo que puede criticarse es la metodología empleada, como en el caso presente.
Sin cuidar demasiado los detalles –ni siquiera lubricaron el filo porque algunos jueces se asustaron ante la sola mención de la palabra “juicio político”-, se organizó un desfile de ministros de la Corte en el Congreso. Dos magistrados llegaron al final del proceso de enjuiciamiento, Eduardo Moliné O’Connor y Antonio Boggiano –quien todavía resiste con escritos judiciales-, como Ibarra en esta temporada. Otros, Julio Nazareno, el difunto Guillermo López y Adolfo Vázquez, salieron por la puerta de emergencia antes de pasar el mal trago.
Ibarra no puede reprocharle al gobierno que hayan descuidado los detalles. Está bien que los K no manejaban esta guillotina. Pero se ocuparon de todo: solicitadas, micros, declaraciones, operaciones, etcétera. Hasta de ponerle una cesta con almohadones, al pie de la guillotina.
Se ocuparon de casi todo. Porque, de lo contrario, no estaríamos hablando de la destitución de Aníbal Ibarra. Hagamos memoria.
Ibarra devino en hombre del kirchnerismo, una vez que Alberto F. se afianzó como delegado presidencial en jurisdicción metropolitana. Desde el Ejecutivo lo ayudaron a derrotar a Mauricio Macri en los comicios distritales de 2003, con la idea de que una victoria de lo que quedaba del Frente Grande local sería una victoria propia, nacional.
Aníbal hacía gala, una vez más, de la fama de afortunado que muchos le adjudicaban. Sobrevivió a la hecatombe de la Alianza: primero, la renuncia de su jefe político, Carlos “Chacho” Alvarez a la vicepresidencia de la Nación (en medio de una crisis por el supuesto pago de coimas a senadores del PJ), que arrastró al FrePaSo hacia la ruptura de la sociedad con la UCR. Después, Ibarra supo atrincherarse en el palacio municipal y, milagrosamente –porque estaba a pocos pasos de distancia-, evitó que los disparos en plaza de Mayo en plena revuelta popular o las aspas del helicóptero en el que huyó Fernando de la Rúa por los techos de Balcarce 50 lo despeinaran en diciembre de 2001.
El desembarco de Eduardo Duhalde a la butaca que abandonó en llamas De la Rúa trajo alivio. El ex gobernador peronista venía no sólo con el aval de su partido sino que contaba con el aliento de radicales y frepasistas –quedaban algunos todavía, entre ellos AI- que querían colaborar con un gobierno de emergencia y, al mismo tiempo, expiar culpas. Mal no les fue porque Ibarra y la mayoría salieron ilesos del reclamo popular de aquellos días de caos social, economía en quiebra y bancos acorralados por dentro y por fuera. Superaron con bastante éxito el grito generalizado de la época: “¡qué se vayan todos!”. Curiosamente, ahora se acaba de ir uno solo, el propio Ibarra, con el clamor de los nuevos padres de plaza de mayo. Lo escoltaron, hay que decirlo, hasta el cadalso varios exponentes de la clase política criolla como Raúl Alfonsín y varios referentes del peronismo.
Pero hasta la víspera –aunque habría que remontarse a la interminable y dolorosísima noche de Cromañón-, tuvo, podría decirse, una pata de conejo tamaño familiar.
Llegó a la política después de una destacada actuación en Tribunales como fiscal y no paró de escalar posiciones. Fue concejal y salió airoso de la faena –cuando pasar por la vereda del Concejo Deliberante como mero transeúnte ya despertaba sospechas de corrupción-; hasta trabajó en la convención estatuyente que le dio marco a la autonomía e incorporó, entre otros puntos, el mecanismo de juicio político que puso punto final a su etapa de titular del Ejecutivo capitalino.
Alcanzó el cargo en el 2000 con el sello de la Alianza, secundado por la radical delarruista Cecilia Felgueras. Carlos Menem ya había sido derrotado por la dupla De la Rúa-Alvarez en el 99, y todo parecía de su lado. Joven, apuesto, con aspecto de chico inmaduro pero inteligente (a lo mejor, lo ayudó esa tendencia a vestirse con blazer azul y pantalón gris –propio de estudiantes o de meritorios tribunalicios-), cuajó perfecto en un electorado inestable pero con tendencia a abrazar el ideario “progresista”.
A su alrededor, había socialistas, peronistas de izquierda, ex intransigentes, algunos radicales, que se mantuvieron fieles a él y a la poderosa estructura burocrática y recaudadora de la Capital Federal.
A pesar de haber superado la extinción aliancista, el destino le jugó a favor otra vez. Superado el trance duhaldista con mejor estrella que la esperaba. Comenzó la etapa de Néstor Kirchner, que había logrado la primera magistratura con escasos 22% de los votos, y necesitaba legitimarse con un triunfo inmediato en las urnas. Ibarra se los dio; a cambio quedó debilitado y terminó sin partido y, prácticamente, sin legisladores propios, a expensas del kirchnerismo y otros aliados satelitales (los que sellaron su suerte y la transformaron en mala).
Había estado en el momento justo, con el traje adecuado y con el contrincante ideal enfrente: Mauricio Macri, una suerte de reencarnación menemista a ojos de los prejuiciosos santacruceños. ¡Cuanta suerte tenía Ibarra! Pintaba para fiscal eterno, a lo sumo juez, y con un par de casos resonantes anti-corrupción (Matilde Menéndez, el Pami) y la inmaculada imagen de honradez y buenos modales, capeaba los temporales más terribles de la vida institucional y conseguía la reelección. En el horizonte, nadie podía imaginar un Cromañón.
¿Un accidente? No sería la mejor definición. ¿Una concurrencia de fatalidades, con el ingrediente determinante de la irresponsabilidad, la desidia, la ignorancia y la corrupción? Se acerca más, me parece. Lo que sí es seguro, a mi modo de entender, era que no le correspondía sólo el sayo a Ibarra y que, hasta cierto punto, el juicio político sonaba a desproporción. La Justicia ya estaba y sigue investigando sobre las responsabilidades penales y civiles. Y dará su veredicto.
Pero la maquinaria del procesamiento se echó a andar en la Legislatura y comenzaron las dudas. Primero, el gobierno K y, está demás decirlo, Ibarra confiaban en que podrían bloquear los votos necesarios para iniciar el juicio político que reclamaban los padres de las 194 víctimas.
Un kirchnerista, que había entrado al Legislativo de la mano de Macri, Chango Farías Gómez –el primer Borocotó no reconocido- fue el que terminó de inclinar la balanza. Fue una sorpresa. Así comenzó el enjuiciamiento propiamente dicho y la suerte de Aníbal devenía en mufa.
Después, las dudas se agigantaron, aunque siempre hubo confianza oficialista en que, finalmente, los 10 sufragios imprescindibles para destituirlo no aparecerían: había kirchneristas en la sala juzgadora, a falta de ibarristas. Y el Presidente había dicho delante de funcionarios, periodistas e invitados especiales “el amigo Aníbal”.
No hubo caso. El kirchnerista Helio Rebot mantuvo su negativa a sostenerlo y el zamorista Gerardo Romagnoli, que había querido renunciar a la sala juzgadora y había amagado con abstenerse, terminó de bajarle el pulgar a Ibarra: a último momento, se pronunció a favor de la destitución. El voto número 10 hacía estallar de alegría –una alegría paradójica, gélida, fugaz- a los familiares que no habían podido ingresar al recinto.
Todavía faltaba el alegato final de otro kirchnerista, anotado décimo quinto en la lista de oradores, el ex bibliotecario Elvio Vitali, que de potencial salvador –en los papeles previos, claro-, pasó a intranscendente abstencionista.
Ya ninguno de los presentes lo escuchó. Menos Ibarra que permanecía petrificado, junto a su profesor y abogado, Julio César Strassera, antes triunfal fiscal de las nefastas juntas militares y ahora una figura fantasmagórica enfundado en un ambo gris. Encima del veredicto, destitución sin habilitación para ejercer cargos públicos, tuvo que soportar que su “nunca más” fuera parafraseado por uno de los legisladores de la oposición para referirse a Cromañón y no a los crímenes de lesa humanidad. Una comparación no demasiado certera.
No se merecía Ibarra un final así, más allá de que tomarlo de chivo expiatorio es desmesurado. Es cierto que resta la apelación ante la Justicia, pero el pronóstico es reservado y la noticia hoy es que el jefe de gobierno es Telerman.
¿Pudo ser previsto este desenlace?
Como tantos periodistas, suponía que el gobierno –en medio de tanto despliegue de gente y de medios- no iba a comerse semejante paliza. Era lógico pensar que lo que había sucedido con el inesperado giro de Farías Gómez no iba a repetirse unos meses más tarde, y la derrota iba a encontrar a los hombres del Presidente encerrados en el baño, sin papel higiénico y con una botella de champan esperándolos en el freezer.
Después de casi una década y media de carrera política, “el amigo Aníbal” aguantó 14 rounds, el último sólo fue una excusa para que Vitali, el orador que cerraba la nómina de 15 legisladores, arrojara la toalla en medio de justificaciones favorables al reo, y demostrara así su lealtad hacia la Casa Rosada, aun en medio del derrumbe.
La política y la vida dan revancha, además Ibarra demostró que logró consenso en la ciudadanía porteña en los últimos meses. Seguirá su lucha en Tribunales y, casi con seguridad, podrá reiniciar su carrera política. Mientras tanto, gerenciará, sin plazo fijo –salvo el final de 2007-, Telerman, con menos legisladores que Aníbal y, lo que parece peor, sin el previo aval del PEN. Aunque eso no garantiza nada, a favor o en contra.
Porque a esta altura, se puede sentenciar, que el gobierno de Kirchner es tan poderoso que arma sus propios éxitos políticos y crea, con similar esmero y monedero, sus fracasos. Y ambos resultan prodigiosos e impactantes.
A falta de una buena oposición, vale el mérito oficial para mantener entretenida a la audiencia de 37 millones de argentinos, sea con el control del Concejo de la Magistratura o la destitución de “un amigo”.

Marcelo Mendieta (h)