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jueves, 9 de diciembre de 2021

La periodista Paloma García presenta su libro con impactantes fotos del estallido de 2001

La periodista y reportera gráfica Paloma García presentará el libro 2001. Fotografías diciembre 2001 - junio 2002, publicado por Grupo Editorial Sur.
 

La cita será el lunes 13 de diciembre, a las 19, en la sala Juan L. Ortiz de la Biblioteca Nacional, Agüero 2502 (CABA). 

Acompañarán a la autora la periodista Adriana Meyer, el fotógrafo Julio Menajovsky y familiares y víctimas del 19 y 20 de diciembre de 2001: Karina Lamagna y María Arena, hermana de Diego y viuda de Gastón Riva, respectivamente, asesinados durante la represión; y el sobreviviente Martín Galli

El evento contará con la periodista y conductora Cecilia Laratro como moderarora. 

El lanzamiento formal del libro de fotografías de Paloma García también servirá para inaugurar una muestra de imágenes del volumen, que se podrá visitar del lunes 13 al 30 de diciembre de 2021, en el 3° piso de la Biblioteca Nacional.

sábado, 20 de junio de 2015

M. O'Donnell se consagra con Born, Reato desnuda al peronismo caníbal (Doce noches), y Balmaceda anuncia anécdotas brillantes en Estrellas del Pasado

Penguin Random House dispone de un amplio catálogo de textos valiosos para regalar a los padres. O a quien se merezca estas joyitas para leer, aprender, pensar, polemizar y (porqué no) entretenerse.

Entre los más recientes títulos, hay tres que sobresalen. Por un lado, se destaca uno de los libros de 2015 (aun cuando estemos a días de llegar a mitad de año), Born, que consagra a María O'Donnell como una gran periodista y escritora.

Por primera vez, Jorge Born rompe el silencio y cuenta detalles de su cautiverio a manos de los Montoneros, que secuestraron a él y a su hermano Juan, para recaudar u$s60 millones -un poco más de u$s260 millones a valores actuales-, en 1975.

Este botín no ha sido superado en el mundo: sigue número 1 en la lista de los rescates más caros de la historia.

Más allá de que el destino de muchos de esos millones todavía sigue siendo un misterio -pasó de manos de Firmenich y Cía. en distintas etapas y partes al desaparecido banquero David Graiver, la Cuba de Fidel Castro, bancos europeos e incluso campañas políticas-, la autora trata de seguir la ruta del dinero a partir de investigaciones propias, pesquisas judiciales, testimonios de personajes históricos y, por supuesto, la palabra del heredero del grupo Bunge y Born.

Así como queda claro que el móvil principal del brazo armado de la Tendencia peronista era económico, también resulta evidente que, a pesar de la planificación casi perfecta de la captura y cautiverio de los hermanos, no tenían idea de cómo iban a cobrar el rescate, ya que carecían de nociones básicas sobre qué volumen representaba semejante cantidad de billetes, así como las dificultades logísticas para cobrarlos.

Sin duda, Born resulta apasionante y revelador, e incluso polémico, en especial, para quienes idealizan la lucha armada de los 70. O los mismos protagonistas que no salen beneficiados con esta historia hasta ahora inédita.


En Doce noches, otro título muy recomendable, Ceferino Reato reconstruye la crisis de 2001-2002 que se llevó puesto al gobierno de la Alianza, que encabezaba Fernando de la Rúa; habilitó el regreso al poder del peronismo por vía parlamentaria, y derivó en una sucesión de presidentes provicionales (Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saa y Eduardo Camaño), hasta llegar al interinato de Eduardo Duhalde.

Se trata, claro está, del período más convulsionado de la historia argentina reciente. Y el periodista Reato logra darle una visión profunda y reveladora, sin perder nunca la redacción prolija, clara y atrapante.

De hecho, queda instalada la idea de que, más allá de las deficiencias de la administración delarruista, hubo no solo un avance del PJ para desalojarlo del poder. Sino que, además, Raúl Alfonsín y sus seguidores pudieron haber contribuido a que ese proceso se materializara.

En el medio de esos acontecimientos, subyace la interna peronista que boicoteó el breve interregno de Rodríguez Saa (el autor consigue una descripción inédita sobre cómo vivió el puntano esas celerísimas horas de gloria y fracaso), para que, con la colaboración alfonsinista, fuese, finalmente, el caudillo de Lomas de Zamora quien se sentara en el sillón de Rivadavia.

Esas doce jornadas infernales, y el mandato posterior de Duhalde, cobran, por si fuera poco, mayor dimensión aún porque abrieron los puertas de la Casa Rosada a los Kirchner, en 2003.

Podría ser una novela, la de la debacle institucional de comienzos de la década. Pero, lamentablemente, es la realidad que supera a la ficción. Y Ceferino Reato se ocupó de escribirla.

Un volumen necesario para entender la dinámica caníbal del poder en el país.

Con esa magnífica capacidad de abordar la historia argentina con solvencia, desacartonamiento, rigurosidad, originales puntos de vista y sentido del humor, Daniel Balmaceda publicó otra obra con destino, como todos sus libros, de best-seller: Estrellas del pasado.

Con una portada muy atractiva -que refuerza la capacidad del historiador y periodista para ser garantía de suceso y de calidad en las librerías-, el texto de contratapa promete que "en Estrellas del pasado espiaremos a San Martín en una fiesta pidiendo a una cotorrona para bailar, a Belgrano conduciendo a trescientos hombres lejos del infierno de Vilcapugio, a Sarmiento calzándose una peluca, a Rosas como un padre celoso de su hija, a Mitre haciendo de gasista en su barrio, a Fangio y a Victoria Ocampo aprendiendo a manejar, a Brown vestido con la bandera argentina, a Gardel víctima de punguistas, a Marcelo T. de Alvear haciendo bromas por teléfono, al general Paz fabricando un aparato ridículo y también conoceremos al ET argentino. Con anécdotas compiladas a través de una ardua investigación de cartas, memorias, biografías, expedientes, partes de batalla, tradiciones orales y periódicos, Daniel Balmaceda descubre hechos desconocidos de nuestra historia".

viernes, 23 de diciembre de 2011

La rabia cuenta a través de 26 historias de vida, incluida la de Ivan Heyn, que pasó de 2001 a 2011

De manera original y con un relato atrapante, La rabia (y todo lo que vino después) repasa de la mano de 26 historias de vida, organizadas en grupos de vidas paralelas, qué desencadenó en la Argentina, y sobre todo en los argentinos, el estallido social de diciembre de 2001.

Y qué sucedió desde aquel fatídico acontecimiento, con varias decenas de víctimas de la represión, la caída de una gobierno constitucional y los cacerolazos y el grito de "que se vayan todos".

El libro del periodista Rodolfo González Arzac, que editó Sudamericana (Random House Mondadori), logra reunir conmovedores testimonios de sobrevivientes de aquella masacre de hace 10 años; luchadores sociales; dirigentes políticos (incluidos, el vocero del presidente renunciante, el propio Fernando de la Rúa y Luis Zamora, entonces fascinado con las asambleas populares y fugaz figura en ascenso); colegas que cubrieron aquel proceso histórico; y trabajadores de fábricas quebradas por sus dueños y recuperadas por el personal.

Sin duda, uno se detiene en tres nombres: Pablo Ferreyra, hermano del joven del PO asesinado el 20 de octubre de 2010 por una patota del sindicato ferroviario, pocos días antes de la desaparición de Néstor Kirchner; y los de Leonardo y Alberto Santillán, hermano y padre, respectivamente, de Darío, fusilado por la Bonaerense el 26 de junio de 2002.

Y no puede soslayarse, por la actualidad, que el autor incluyera entre los personajes a Iván Heyn, subsecretario de Comercio Exterior del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, muerto el martes 20 en Montevideo.

Leer la semblanza que traza González Arzac sobre Heyn, un joven que pasó de hacer artesanías y recorrer Latinoamérica a estudiar Economía, militar en una organización de alumnos independientes, acercarse al kirchnerismo, asumir como funcionario de Felisa Miceli, y convertirse en un joven brillante de La Cámpora, resulta emocionante.

La rabia invita a la reflexión y a recordar una etapa que marcó un cambio en la Argentina. Y que introduce una forma novedosa de repasar acontecimientos y consecuencias. Un valioso aporte de este meritorio trabajo de González Arzac, que debe ser leído por actuales y futuras generaciones.

martes, 26 de octubre de 2010

Fernando de la Rúa acompañó a Pablo Mendelevich durante la presentación del libro El final

Fernando de la Rúa era el invitado ideal, en su carácter de ex jefe de Estado, para la presentación del libro del periodista Pablo Mendelevich, El final, dedicado, precisamente, a cómo dejan el gobierno los presidentes argentinos, tal cual reza el subtítulo del volumen.

El analista político Rosendo Fraga también participó del evento en el Senado de la Nación, organizado por Ediciones B, Grupo Zeta.

De la Rúa -emocionado, de visitar el escenario de las supuestas coimas por la reforma laboral impulsada por su gobierno- no se marchó, esta vez, en helicóptero.

viernes, 16 de mayo de 2008

Agredieron a "Antonito", el novio de Shakira, en la puerta del hotel InterContinental Bs. As.

A raíz de la agresión que sufriera Antonio de la Rúa, a poco de haber llegado a Buenos Aires en compañía de su novia, la cantante colombiana Shakira, el hotel Intercontinental aclaró que "el incidente ocasionado se produjo en la rampa de acceso del hotel con una persona ajena al InterContinental Buenos Aires".

En el mismo comunicado se explicó que "dicho suceso no involucra a la seguridad del hotel".

Según Perfil.com, el arribo de la pareja al Intercontinental también fue carne para la prensa, ya que, en la vereda, hubo golpes, alboroto y un fotógrafo de la revista Caras lastimado y con el equipo destrozado. Ocurrió unos minutos antes que el suceso protagonizado por el hijo del ex Presidente Fernando de la Rúa, mencionado al comienzo de este post.

martes, 15 de mayo de 2007

"Telerman y Filmus son valiosos, pero no resolvieron problemas de la ciudad", dijo macrista Narodowski

“En los últimos 10 años, hay una continuidad en los gobiernos de la ciudad de Buenos Aires. De la Rúa con Enrique Olivera, después Olivera solo, después Olivera con Ibarra, luego Ibarra con Telerman, después Telerman solo, luego Filmus con Ibarra… Gente que -me consta- tiene las mejores intenciones, que es valiosa y sana, pero que lamentablemente no ha podido resolver los problemas de la ciudad. Nosotros, con Macri y Michetti, tenemos propuestas concretas”, sentenció el doctor Mariano Narodowski, director del área de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella y primer candidato a legislador porteño de Pro, durante una entrevista con El Informatorio-Radio Palermo (*).

Todas las encuestas coinciden en que Mauricio Macri se va a imponer en la primera vuelta de las elecciones del 3 de junio. Por lo tanto, hay otro resultado que parece cantado: la lista de legisladores porteños de la fuerza macrista va a ganar los comicios porteños y logrará mayoría en la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires. Dialogamos con el primer candidato a legislador del Pro, el doctor en Educación, Narodowski.

Más allá de las simpatías o antipatías que despierte Macri como los demás candidatos, ¿por qué cree que hay que votar la boleta que Ud. encabeza? “En los últimos 10 años, hay una continuidad en los gobiernos de la ciudad. Fernando de la Rúa con Enrique Olivera, después Olivera solo, después Olivera con Ibarra, luego Ibarra con Telerman, después Telerman solo, luego Filmus con Ibarra… Gente que -me consta- tiene las mejores intenciones, gente valiosa y sana, pero que lamentable-mente no ha podido resolver los problemas de la ciudad. Nosotros tenemos propuestas concretas, tenemos equipos que hace muchos años venimos trabajando junto a Mauricio Macri y Gabriela Michetti; y nos parece que hay que atreverse a darnos una oportunidad para ver si podemos mejorar un poco la ciudad…”, reseñó el docente y cabeza de boleta de diputados distritales de Pro.

¿Cuáles van a ser los 3 primeros proyectos que va a presentar en la Legislatura de la ciudad, doctor Narodowski? ¿Se va concentrar sólo en temas educativos? “Tenemos una batería de proyectos –apuntó- vinculados al tema de la inclusión social, que hoy es el principal problema de la ciudad de Buenos Aires; hay altos niveles de pobreza, de marginalidad social, temas de vivienda… Entonces, nuestros equipos tienen proyectos sobre educación para que la educación gratuita sea de calidad para todos, sobre todo para los sectores medios y bajos de la sociedad que más lo necesitan. El tema hospitalario que es un tema complicado: la salud está muy deteriorada en la ciudad… Disponemos de un muy buen plantel médico, enfermeros y personal auxiliar. Pero hay que organizarlo mucho mejor. Y, por último, el tema que a mí más me preocupa: creo que a todos los avergüenza el tema de los chicos en la calle, que en la crisis de 2002/2003 querían justificarlo diciendo que la crisis los había llevado a la calle… Eso un poco pasó y vemos los mismos problemas, con muchos chicos en esa situación, que no van a la escuela. Y para nosotros el lugar de los chicos debe ser la escuela”.

Mariano Narodowski respondió a la inquietud de Marcelo Mendieta: ¿qué lo impulsó a dejar de lado su prestigiosa carrera docente para involucrarse en política, donde mucha gente piensa que hay más para perder que para ganar? “Me fascina la política –comenzó el primer legislador de la nómina macrista- porque es el lugar desde el cual podemos hacer cambios. Tengo 26 años de antigüedad en la docencia, tuve el honor de llegar a lo más alto en la carrera académica en la Argentina, e incluso en otros países del mundo, pero tengo ganas de hacer un aporte. No sólo explicar el problema de la educación en la Argentina sino también tratar de resolverlo… Me parece que la política es lo que nos lo va a permitir”.

“La verdad es que sí –prosiguió Narodowski (en la foto junto a Macri)-: también tengo miedo, mis prejuicios. Y a veces me agarran ataques de responsabilidad a la noche, y me digo: ¿en qué me metí? Pero voy a tratar de conservar estos medios, porque es lo que hace que uno sea una persona normal aún dentro de la política. Y tener comportamientos claros en función de poder ser un nexo entre los ciudadanos y el poder político que genere más legitimidad”.

Y agregó: “la crisis de 2001 nos pegó a todos, no sólo en el bolsillo sino también en la cabeza. Y es muy importante que nos metamos a participar… Yo invito a todo el mundo a que participe en política: si es en el espacio de Pro, mejor. Pero que sea con Telerman, con Filmus, con Lozano, con la izquierda… No importante donde porque la participación es lo que nos va a enriquecer, nos va a convertir en ciudadanos más reflexivos, responsables. Y vamos a poder controlar mejor a los gobiernos de turno”.

Si Ud. no fuera candidato en estas elecciones, porque está claro que va a votar por Macri, ¿votaría como jefe de gobierno porteño a Daniel Filmus, que viene de la docencia como Ud., y que además es el ministro de Educación de la Nación? ¿O se siente más cerca de Jorge Telerman que, si bien no es docente, ha hecho de la promoción de actividades culturales uno de los ejes de su gestión de gobierno?

El candidato no dudó: “No votaría a ninguno de ellos, a pesar de que a ambos les tengo un profundo respeto. A Filmus lo conozco mucho más. Obviamente, por la profesión. Me parece un tipo muy valioso. A Telerman, lo conozco menos, pero me parece un tipo muy respetable, muy valioso también. Pero me parece que pertenecen a un espacio político que ya fracasó. No es un tema de personas, sino de proyectos y experiencias. Y ver lo que sucedió en la ciudad en los últimos 10 años ¿Cómo es posible que sigamos teniendo problemas con un presupuesto de u$s3 mil millones, o $10 mil millones, que es dinero de los porteños, que pagamos entre todos, vía ABL, ingresos brutos, impuesto automotor. Con toda esa plata, deberíamos tener una ciudad mejor, una vida más digna, menos exclusión social, escuelas y hospitales gratuitos de calidad… Ojalá, esas personas nos ayuden a gobernar la ciudad de Buenos Aires, y que controlen como es debido la gestión…”, concluyó Mariano Narodowski, director del área de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella y primer candidato a legislador porteño de Pro.

(*) El Informatorio-Radio Palermo, que se emite los martes a las 16 por FM 94.7, es auspiciado por Telefónica de Argentina, Cervecería y Maltería Quilmes, Interacción ART, Soluciones G, Marcelo Cuggini y Banco Ciudad.

domingo, 27 de agosto de 2006

Política argentina: ¿renace la alianza Duhalde-Alfonsín con virtual aval de la UCR a Lavagna?

Roberto Lavagna, el ex ministro de Economía de Eduardo Duhalde y de Néstor Kirchner, y negociador del canje de la deuda externa argentina, quedó virtualmente habilitado por el principal sello opositor, la Unión Cívica Radical (UCR), para presentarse como candidato en las presidenciales de 2007, y enfrentar así al kirchnerismo que apuesta a la continuidad, sea con el actual mandatario o su esposa, la senadora Cristina Fernández de Kirchner.
La convención del radicalismo, que sesionó en Rosario (la segunda ciudad de la Argentina), resolvió abrir el diálogo con fuerzas afines, de cara a los comicios del año que viene. Y ratificó su papel anti-K.

Sin nombrarlo -de hecho, Lavagna todavía no admitió sus pretensiones en público-, el ex ministro recibió el espaldarazo de 65% de los representantes.
El resto de los delegados no asistió debido a que gobernadores e intendentes con ficha de afiliación radical forman parte de una coalición en cierne, bajo el ala kirchnerista.

El ex Presidente Raúl Alfonsín (1983-1989) se ocupó en persona de arengar avales para RL, así como propiciar la expulsión de los mandatorios que optaron por cobijarse en los brazos K, sospechados de haberse casado por conveniencia (los recursos financieros que gira la Nación hacia el interior del país equivaldrían a la dote).

La coalición que alienta el gobierno nacional no sólo dividió a la UCR. El Partido Justicialista (Peronista), si bien se alinea mayoritariamente detrás de quien ejerce el poder, sufre la diáspora de un sector que se mantiene leal al antecesor de Kirchner, Eduardo Duhalde (2002-2003), y que se adelantó a proclamar a Lavagna como aspirante a destronar al clan K en 2007.

Las relaciones entre duhaldistas y alfonsinistas siempre dieron frutos, aunque en este caso nadan contra la corriente.
A fines de la década pasada, esta alianza impidió el segundo intento reeleccionista de Carlos Menem (1995-1999). En 2002 sirvieron de puente para que Duhalde, ex gobernador de Buenos Aires, le diera con su asunción estabilidad a la Casa Rosada, tras la sucesión de breves interregnos que herederon la debacle de Fernando de la Rúa (1999-2001), también radical pero de signo opuesto al de Alfonsín.

Marcelo Mendieta (http://elinformatorio.blogspot.com/)

martes, 7 de marzo de 2006

Juicio político: destituyeron a Ibarra con ayuda del gobierno de Kirchner

¿Fue una victoria de los familiares de las víctimas? En parte, sí. Pero, seguramente, esperan un fallo contundente de la Justicia, donde se tramita la causa penal por la masacre de Cromañón. La destitución de Aníbal Ibarra, consumada a las 17 del martes 7 de marzo, es un comienzo para esos padres que no encuentran consuelo, que no tienen paz y, posiblemente, nunca la tengan.
Sin duda, la caída del jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires es una derrota total de la Casa Rosada. Néstor Kirchner lo llamó en público “el amigo Aníbal”, durante un acto en la sede gubernamental, hace 2 semanas.
Y Alberto Fernández, que no se lleva bien con el vicejefe Jorge Telerman –ahora heredero del trono ibarrista hasta el 9 de diciembre de 2007, al menos en los papeles-, hizo lo que pudo por arrojar un salvavidas tras otro: hasta armó una solicitada el domingo con la rúbrica de artistas de la talla de Adriana Varela o León Gieco, o del actor Alfredo Alcón. No alcanzó.
Alentó la movilización de micros del conurbano bonaerense para colaborar con la movilización del jueves 2, en contra de la destitución. Fue suficiente para llenar la plaza de Mayo, pero no para torcer la voluntad de una decena de legisladores, preocupados en su gran mayoría por no ganarse el escrache de los padres de 194 chicos muertos en circunstancias demenciales. Aunque algunos pueden haberlo hecho por convicción, mientras sus jefes partidarios, desde Macri a Carrió –ex madrina de Aníbal-, miraban el proceso por TV.
Es una derrota del gobierno K porque, más allá de estos ademanes de primeros (y onerosos)
auxilios, no hubo nunca respaldo explícito a Ibarra. Hubo un acompañamiento por interpósitas personas, culposo, que hizo recordar cuando, tras aquel fatídico recital de Callejeros en el barrio porteño del Once, el Presidente de la Nación permanecía ajeno a todo en su terruño santacruceño, esperando –en familia- el fin de año 2004. Como si nada malo hubiera pasado en el país.
En definitiva, la guillotina que terminó ayer con la cabeza cortada de Ibarra fue desempolvada por el propio Kirchner. Apenas asumió el 25 de mayo de 2003, imaginó que ese instrumento serviría para hacer una depuración en la Corte Suprema menemista, que resultaba imprescindible. Lo que puede criticarse es la metodología empleada, como en el caso presente.
Sin cuidar demasiado los detalles –ni siquiera lubricaron el filo porque algunos jueces se asustaron ante la sola mención de la palabra “juicio político”-, se organizó un desfile de ministros de la Corte en el Congreso. Dos magistrados llegaron al final del proceso de enjuiciamiento, Eduardo Moliné O’Connor y Antonio Boggiano –quien todavía resiste con escritos judiciales-, como Ibarra en esta temporada. Otros, Julio Nazareno, el difunto Guillermo López y Adolfo Vázquez, salieron por la puerta de emergencia antes de pasar el mal trago.
Ibarra no puede reprocharle al gobierno que hayan descuidado los detalles. Está bien que los K no manejaban esta guillotina. Pero se ocuparon de todo: solicitadas, micros, declaraciones, operaciones, etcétera. Hasta de ponerle una cesta con almohadones, al pie de la guillotina.
Se ocuparon de casi todo. Porque, de lo contrario, no estaríamos hablando de la destitución de Aníbal Ibarra. Hagamos memoria.
Ibarra devino en hombre del kirchnerismo, una vez que Alberto F. se afianzó como delegado presidencial en jurisdicción metropolitana. Desde el Ejecutivo lo ayudaron a derrotar a Mauricio Macri en los comicios distritales de 2003, con la idea de que una victoria de lo que quedaba del Frente Grande local sería una victoria propia, nacional.
Aníbal hacía gala, una vez más, de la fama de afortunado que muchos le adjudicaban. Sobrevivió a la hecatombe de la Alianza: primero, la renuncia de su jefe político, Carlos “Chacho” Alvarez a la vicepresidencia de la Nación (en medio de una crisis por el supuesto pago de coimas a senadores del PJ), que arrastró al FrePaSo hacia la ruptura de la sociedad con la UCR. Después, Ibarra supo atrincherarse en el palacio municipal y, milagrosamente –porque estaba a pocos pasos de distancia-, evitó que los disparos en plaza de Mayo en plena revuelta popular o las aspas del helicóptero en el que huyó Fernando de la Rúa por los techos de Balcarce 50 lo despeinaran en diciembre de 2001.
El desembarco de Eduardo Duhalde a la butaca que abandonó en llamas De la Rúa trajo alivio. El ex gobernador peronista venía no sólo con el aval de su partido sino que contaba con el aliento de radicales y frepasistas –quedaban algunos todavía, entre ellos AI- que querían colaborar con un gobierno de emergencia y, al mismo tiempo, expiar culpas. Mal no les fue porque Ibarra y la mayoría salieron ilesos del reclamo popular de aquellos días de caos social, economía en quiebra y bancos acorralados por dentro y por fuera. Superaron con bastante éxito el grito generalizado de la época: “¡qué se vayan todos!”. Curiosamente, ahora se acaba de ir uno solo, el propio Ibarra, con el clamor de los nuevos padres de plaza de mayo. Lo escoltaron, hay que decirlo, hasta el cadalso varios exponentes de la clase política criolla como Raúl Alfonsín y varios referentes del peronismo.
Pero hasta la víspera –aunque habría que remontarse a la interminable y dolorosísima noche de Cromañón-, tuvo, podría decirse, una pata de conejo tamaño familiar.
Llegó a la política después de una destacada actuación en Tribunales como fiscal y no paró de escalar posiciones. Fue concejal y salió airoso de la faena –cuando pasar por la vereda del Concejo Deliberante como mero transeúnte ya despertaba sospechas de corrupción-; hasta trabajó en la convención estatuyente que le dio marco a la autonomía e incorporó, entre otros puntos, el mecanismo de juicio político que puso punto final a su etapa de titular del Ejecutivo capitalino.
Alcanzó el cargo en el 2000 con el sello de la Alianza, secundado por la radical delarruista Cecilia Felgueras. Carlos Menem ya había sido derrotado por la dupla De la Rúa-Alvarez en el 99, y todo parecía de su lado. Joven, apuesto, con aspecto de chico inmaduro pero inteligente (a lo mejor, lo ayudó esa tendencia a vestirse con blazer azul y pantalón gris –propio de estudiantes o de meritorios tribunalicios-), cuajó perfecto en un electorado inestable pero con tendencia a abrazar el ideario “progresista”.
A su alrededor, había socialistas, peronistas de izquierda, ex intransigentes, algunos radicales, que se mantuvieron fieles a él y a la poderosa estructura burocrática y recaudadora de la Capital Federal.
A pesar de haber superado la extinción aliancista, el destino le jugó a favor otra vez. Superado el trance duhaldista con mejor estrella que la esperaba. Comenzó la etapa de Néstor Kirchner, que había logrado la primera magistratura con escasos 22% de los votos, y necesitaba legitimarse con un triunfo inmediato en las urnas. Ibarra se los dio; a cambio quedó debilitado y terminó sin partido y, prácticamente, sin legisladores propios, a expensas del kirchnerismo y otros aliados satelitales (los que sellaron su suerte y la transformaron en mala).
Había estado en el momento justo, con el traje adecuado y con el contrincante ideal enfrente: Mauricio Macri, una suerte de reencarnación menemista a ojos de los prejuiciosos santacruceños. ¡Cuanta suerte tenía Ibarra! Pintaba para fiscal eterno, a lo sumo juez, y con un par de casos resonantes anti-corrupción (Matilde Menéndez, el Pami) y la inmaculada imagen de honradez y buenos modales, capeaba los temporales más terribles de la vida institucional y conseguía la reelección. En el horizonte, nadie podía imaginar un Cromañón.
¿Un accidente? No sería la mejor definición. ¿Una concurrencia de fatalidades, con el ingrediente determinante de la irresponsabilidad, la desidia, la ignorancia y la corrupción? Se acerca más, me parece. Lo que sí es seguro, a mi modo de entender, era que no le correspondía sólo el sayo a Ibarra y que, hasta cierto punto, el juicio político sonaba a desproporción. La Justicia ya estaba y sigue investigando sobre las responsabilidades penales y civiles. Y dará su veredicto.
Pero la maquinaria del procesamiento se echó a andar en la Legislatura y comenzaron las dudas. Primero, el gobierno K y, está demás decirlo, Ibarra confiaban en que podrían bloquear los votos necesarios para iniciar el juicio político que reclamaban los padres de las 194 víctimas.
Un kirchnerista, que había entrado al Legislativo de la mano de Macri, Chango Farías Gómez –el primer Borocotó no reconocido- fue el que terminó de inclinar la balanza. Fue una sorpresa. Así comenzó el enjuiciamiento propiamente dicho y la suerte de Aníbal devenía en mufa.
Después, las dudas se agigantaron, aunque siempre hubo confianza oficialista en que, finalmente, los 10 sufragios imprescindibles para destituirlo no aparecerían: había kirchneristas en la sala juzgadora, a falta de ibarristas. Y el Presidente había dicho delante de funcionarios, periodistas e invitados especiales “el amigo Aníbal”.
No hubo caso. El kirchnerista Helio Rebot mantuvo su negativa a sostenerlo y el zamorista Gerardo Romagnoli, que había querido renunciar a la sala juzgadora y había amagado con abstenerse, terminó de bajarle el pulgar a Ibarra: a último momento, se pronunció a favor de la destitución. El voto número 10 hacía estallar de alegría –una alegría paradójica, gélida, fugaz- a los familiares que no habían podido ingresar al recinto.
Todavía faltaba el alegato final de otro kirchnerista, anotado décimo quinto en la lista de oradores, el ex bibliotecario Elvio Vitali, que de potencial salvador –en los papeles previos, claro-, pasó a intranscendente abstencionista.
Ya ninguno de los presentes lo escuchó. Menos Ibarra que permanecía petrificado, junto a su profesor y abogado, Julio César Strassera, antes triunfal fiscal de las nefastas juntas militares y ahora una figura fantasmagórica enfundado en un ambo gris. Encima del veredicto, destitución sin habilitación para ejercer cargos públicos, tuvo que soportar que su “nunca más” fuera parafraseado por uno de los legisladores de la oposición para referirse a Cromañón y no a los crímenes de lesa humanidad. Una comparación no demasiado certera.
No se merecía Ibarra un final así, más allá de que tomarlo de chivo expiatorio es desmesurado. Es cierto que resta la apelación ante la Justicia, pero el pronóstico es reservado y la noticia hoy es que el jefe de gobierno es Telerman.
¿Pudo ser previsto este desenlace?
Como tantos periodistas, suponía que el gobierno –en medio de tanto despliegue de gente y de medios- no iba a comerse semejante paliza. Era lógico pensar que lo que había sucedido con el inesperado giro de Farías Gómez no iba a repetirse unos meses más tarde, y la derrota iba a encontrar a los hombres del Presidente encerrados en el baño, sin papel higiénico y con una botella de champan esperándolos en el freezer.
Después de casi una década y media de carrera política, “el amigo Aníbal” aguantó 14 rounds, el último sólo fue una excusa para que Vitali, el orador que cerraba la nómina de 15 legisladores, arrojara la toalla en medio de justificaciones favorables al reo, y demostrara así su lealtad hacia la Casa Rosada, aun en medio del derrumbe.
La política y la vida dan revancha, además Ibarra demostró que logró consenso en la ciudadanía porteña en los últimos meses. Seguirá su lucha en Tribunales y, casi con seguridad, podrá reiniciar su carrera política. Mientras tanto, gerenciará, sin plazo fijo –salvo el final de 2007-, Telerman, con menos legisladores que Aníbal y, lo que parece peor, sin el previo aval del PEN. Aunque eso no garantiza nada, a favor o en contra.
Porque a esta altura, se puede sentenciar, que el gobierno de Kirchner es tan poderoso que arma sus propios éxitos políticos y crea, con similar esmero y monedero, sus fracasos. Y ambos resultan prodigiosos e impactantes.
A falta de una buena oposición, vale el mérito oficial para mantener entretenida a la audiencia de 37 millones de argentinos, sea con el control del Concejo de la Magistratura o la destitución de “un amigo”.

Marcelo Mendieta (h)