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sábado, 20 de junio de 2026

Murió Roberto García, influyente periodista que marcó una época en la prensa gráfica argentina

Cuando uno despide a quien admira y quiere, se despide un poco a sí mismo. 

Los recuerdos se amontonan como si quisieran salir todos de una vez. 

Tratemos de poner algo de todo este alboroto mental en palabras, para evocar a ese periodista fuera de serie, Roberto García, quien murió a los 81. 

Referente de la prensa escrita de la Argentina 

Dueño de una ironía y una pluma envidiables, protagonizó la época dorada de Ámbito Financiero (anticipó como primicia el Plan Austral en 1985), como coequiper de su fundador, colega y amigo, Julio Ramos. 

Se complementaban a la perfección. Ramos era "Ramos". Roberto, "Roberto" a secas. Así se mencionaban entre sí. En la redacción, todos los llamábamos de la misma forma. 

La distancia del apellido, que imponía la estampa rústica de JR, contrastaba con la mayor próximidad de RG -con destacados antecedentes en Primera Plana y La Opinión (donde se conocieron Roberto y Ramos)-, con el equipo de redactores y editores que lideraba. 

Roberto era el único, o de los pocos, que podía contradecir a Ramos, conocido tanto por su admirable perseverencia (que le permitió recibirse de economista, en la UBA, a los 37, y llevar a la cima el diario que creó en 1976; así como superar la trágica muerte de dos de sus hijos), como por su contumaz testarudez. Tenían esa confianza.

Los domingos -además de seguir a Racing- se encargaba de la célebre sección Charlas de Quincho. Así como alternaba algunos pocos artículos con su firma o bien con la rúbrica de Luis Calvo Anglada, uno de sus alter ego impresos. 

Más allá de Ámbito 

Si bien resulta casi imposible escindir su genio y figura del diario, Roberto García trascendió esa redacción con apariciones ocasionales en TV: llegó a reemplazar de forma esporádica a Bernardo Neustadt en Tiempo Nuevo, allá por los 90 (si la memoria no me traiciona, Clara Mariño imaginó que RG podía conducir su propio ciclo en esa misma época, pues le sobraban presencia, cultura y léxico). 

Versátil, probó como animador de segmentos televisivos, a instancias y en compañía de Julio Ramos (creo que el factotum del matutino no hubiera tolerado que su director periodístico tuviera esas excursiones extramuros en solitario). Recuerdo documentales en ATC tras la caída del Muro de Berlín. 

Como hombre de medios, Roberto fue lo que hoy se llama influencer. El poder -fuera permanente o transitorio turno- lo leía y lo escuchaba.

También podía detestarlo como Domingo Cavallo, quien en 1995 pronunció el nombre de Roberto García en el Congreso (en malos términos, claro), cuando estaba de salida del gobierno de Carlos Menem.

Los funcionarios pasan, los periodistas quedan.


Después de su despedida de Ámbito en 2008 (Ramos había fallecido dos años antes), Roberto García se afianzó en su programa de Canal 26, La Mirada -en los últimos años, en sociedad con uno de sus hijos, el abogado y periodista Javier García-; al mismo tiempo, continuó como columnista de Perfil. 

Murió en ejercicio de sus funciones. 

Quienes tuvimos el privilegio de trabajar al mando de Roberto vamos a extrañar ese espíritu curioso, sarcástico, inteligente y creativo. Y le vamos a agradecer tantas enseñanzas y experiencias que marcaron nuestras vidas. Para siempre

Fuiste muy generoso conmigo.

Mis condolencias a sus hijos, a la familia y a sus amigos.

miércoles, 27 de septiembre de 2023

Gabriel Llorens Rocha (coautor de Puede fallar): "Los gobiernos no explican cuando algo sale mal"

 
"Los gobiernos y los políticos fueron poco sinceros a la hora de hacer balances, y explicar qué salió mal del Plan Austral o de la Convertibilidad", resumió el periodista y experto en comunicación Gabriel Llorens Rocha, quien acaba de publicar junto al economista Andrés Borenstein el libro Puede fallar

Este volumen, editado por Planeta, revisa y analiza los 40 años de democracia argentina y hace foco, precisamente, en la economía y la comunicación. 

"Buscamos continuidades y cambios en la historia, bajo la premisa de aprender del pasado", señaló en una charla #SinBarbijo con El Informatorio

"Tenemos que ser sinceros y hablar con claridad. Debe ganar la transparencia. Pero habrá pasado que muchas veces preferimos que nos mientan, porque no queremos asumir la realidad. Entonces, nos convertimos en cómplices", subrayó. 

"Ahora, hay tres candidatos presidenciales con chances ganar las elecciones. Y la pregunta es 'cuánta verdad estamos dispuestos a escuchar'. Venimos de diez años de recesión y con una inflación desbocada", reflexionó el cofundador de Bond, consultora de Comunicación y Asuntos Públicos. 

"Apostamos a que la conversación sea más sincera", subrayó el coautor del libro Puede fallar. Economía y comunicación en 40 años de democracia

"En estas cuatro décadas, hay cosas que se repiten y otras que no. Es cierto que estamos en una situación inflacionaria que se parece demasiado a la de los años 80, un problema con la deuda similar y una crisis política con reminiscencias del pasado", comentó Gabriel Llorens Rocha, en otro segmento de la charla #SinBarbijo con El Informatorio

"Como decía Rodolfo Terragno, 'Crecer es cambiar de problemas'. A diferencia de otros países de la región, nosotros seguimos estancados en el tema de la inflación", prosiguió.

 
A la hora de evocar programas económicos que dejaron sus sellos en estos cuarenta años, memoró que "tanto el Plan Austral (Alfonsín - Sourrouille) como la Convertibilidad (Menem - Cavallo) tuvieron comienzos promisorios. Lo mismo que Kirchner y Lavagna, quienes lograron estabilizar la economía, ya en 2003/2004".

"Para el libro Puede fallar -que escribimos con Andrés Borenstein-, entrevistamos a Jorge Remes Lenicov, responsable de la salida de la Convertibilidad en 2002 (N. de R.: tras la crisis institucional que derivó en la caída del gobierno de Fernando De la Rúa). En su obra, 115 días para desarmar la bomba, el ex ministro de Duhalde deja un legado y explica qué se hizo bien y qué mal", aseguró.

"Además, Remes cree que Duhalde perdió los comicios de 1999 porque hizo público lo que él, como economista, le había recomendado: salir de la Convertibilidad, porque era un modelo agotado", deslizó. 

Los votantes no estaban preparados para escuchar algo semejante. "Y tampoco hubo decisión de hacer un service a la paridad 1 a 1, en el 96. Hubiera sido necesario hacer sintonía fina, como dijo alguna vez Cristina Fernández: aplicar política a la economía", se lamentó.

"En general, los políticos fueron poco sinceros a la hora de hacer esos balances, queriendo exacerbar lo positivo y tapar lo malo (o adjudicarle la culpa a otro)", admitió. 

A continuación, el periodista y especialista en PR sintetizó por qué Alfonsín priorizó la democracia, por encima de las cuestiones económicas (a pesar de que la dictadura militar había dejado una situación catastrófica)

Al analizar el fenómeno Milei, sostuvo que "es una reacción a la creciente participación del Estado, como consecuencia de una demanda social fuerte".

"Revisar los dos primeros años del gobierno de Carlos Menem, de 1989 a 1991, nos permitió ver que hubo sendas hiperinflaciones y el Plan Bonex. Hasta que llegó Cavallo. Imaginemos qué pasaría hoy si tuviéramos dos años más con una situación similar a la actual", pensó en voz alta. 

Y destacó el papel que jugó el propio Menem en esa época: "reconstruyó la conversación pública: jugaba al fútbol, iba a programas de TV. Cambió la comunicación y, de esa forma, cambió el clima". 

"Uno de los aprendizajes que nos quedó es que, en los momentos de crisis, las opciones son pocas. Quien asuma el 10 de diciembre, más o menos duro, deberá equilibrar las cuentas públicas y aplicar un programa de estabilización de la moneda, y de reactivación", concluyó. 

"Dolarizar es una receta que tiene muchas contraindicaciones, como afirman muchos economistas. Y también es complejo desde el punto de vista de la comunicación, porque implica renunciar a una moneda propia. Es cierto que posee un aura mágica", sentenció Gabriel Llorens Rocha antes de despedirse de la charla #SinBarbijo con El Informatorio.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Libro: Los años de Menem revisita la década del 90 desde una perspectiva científica y atractiva

Después de haber agotado la faceta superficial (incluidos supuestos romances) y la crónica e investigación periodísticas -con la corrupción como eje-, era necesario un libro que abordara el menemismo como fenómeno político, social y económico, con el acertado subtítulo: La construcción del orden neoliberal.  

Los años de Menem, que publicó Siglo Veintiuno Editores es un compilación -coordinada por el filósofo, autor y catedrático Alfredo Pucciarelli-, que comienza con las semanas finales del gobierno inconcluso de Raúl Alfonsín, y continúa con muy interesantes abordajes, por ejemplo, de las continuidades y ruturas entre los discursos del peronismo y el menemismo, o la subordinación de las fuerzas armadas al poder democrático (dos de los capítulos más atractivos, a cargo de la socióloga y magister en Ciencias Políticas Paula Canelo).
 
Otro de los hallazgos, más allá de que -como cualquier investigación- pueda ser susceptible de críticas o refutaciones, consiste en tratar de explicar cómo se licuó la UCR, al mismo tiempo que crecía el movimiento menemista.

Por cierto, la economía, y en particular la convertibilidad que llegó de la mano de Domingo Cavallo, merece gran despliegue y ocupa la segunda parte de la obra. 

El papel del Estado y de las empresas (los sindicatos aparecen en los primeros tramos del texto), así como las privatizaciones y el traspaso de compañías nacionales a manos extranjeras son los puntos salientes.

El mercado petrolero cuenta con un episodio especialmente dedicado.

Hay que consignar que, con entrada libre y gratuita, Ricardo Aronskind, Ricardo Forster, Edgardo Mocca y Pucciarelli presentarán este volumen el jueves 29 de septiembre, a las 19, en el auditorio Abuelas de Plaza de Mayo del Centro Cultural Rojas, avenida Corrientes 2038, CABA.

sábado, 2 de septiembre de 2006

Política argentina: el petitorio de Blumberg también pide que se investigue a jueces federales

La marcha contra la inseguridad, que encabezó el jueves Juan Carlos Blumberg, resultó exitosa -una plaza de Mayo colmada de gente-, a pesar de los intentos oficialistas de Luis D'Elía y sus sucuaces para contrarrestarla. Por suerte, el enfrentamiento político no se tradujo en hechos violentos.

Sin embargo, tanta pelea mediática sólo sirve, a estas horas, para distraer la mirada de lo importante: el clamor social que se hizo sentir con inusitada fuerza delante de la Casa Rosada, en medio del silencio de la mayoría de los funcionarios, excepto claro locuaces como D'Elía o el diputado hiper K Carlos Kunkel.

Más allá de los manejos destinados a sintetizar la puja con falsas etiquetas ("derecha vs. progresismo", "oposición vs. oficialismo", o "mano dura vs. derechos humanos"), el texto no es sólo un compendio de reclamos para endurecer castigos en el Código Penal como tampoco se dedica sólo a "beneficiar" delincuentes el proyecto de especialistas cercanos al gobierno, que descartan Blumberg y Cía. en el primer punto del petitorio. Hay matices. Y falta debate en serio. El Poder Ejecutivo, por su condición misma, tendría que fomentarlo en lugar de tomar partido y sentirse atacado cuando las movilizaciones no coinciden con su pensamiento...

Aunque es probable que ni siquiera el grueso de los asistentes se haya enterado de cuál podría ser su alcance, hay un pasaje del petitorio blumberista que conviene leer con atención porque podría servir de puente entre quienes marcharon y el PEN. Ese aspecto al que hacemos referencia no tiene relación directa con los robos y asesinatos que se cometen a diario en la Argentina. Sí, con el crimen en general.

Blumberg reclama, casi al pasar, que se forme "una comisión investigadora que tenga como finalidad investigar el incremento patrimonial de los jueces federales de los últimos 15 años".

¿De qué habla el padre de Axel? De los magistrados que sobrellevan más sospechas de haber mantenido una relación muy por encima de los estándares marcados por la independencia de poderes con Presidentes y ministros de turno. A cambio -se supone- de estabilidad en los cargos, y -aseguran los maledicentes- sobresueldos pagados por los servicios de inteligencia (SIDE), los jueces encargados de investigar casos de corrupción en el gobierno bien podrían haber hecho la vista gorda. O dirigirla hacia rivales de los poderosos en vigencia.

El fuero federal es el que debe juzgar, por caso, el narcotráfico que, muchas veces, aparece de manera directa o indirecta vinculado con secuestros, atracos y asesinatos, sobre todo los que revelan crueldad desacostumbrada.

La retrospectiva -15 años- alentada por Blumberg debería entusiasmar a Kirchner, ya que llega justo a poner la lupa sobre los "odiados" 90 y su referente, Carlos Menem (1989-1999). De esa época, data la emblemática "servilleta" en la cual el ex ministro de Economía Domingo Cavallo aseguró haberse enterado, de puño y letra del entonces colega de Interior Carlos Corach, de los magistrados presuntamente domesticados por el menemismo.

A menos que Kirchner o sus adláteres hubieran repetido manejos similares con los "federales", cosa que nos negamos a creer, esta medida del petitorio, por lo menos, debería contar ya mismo con impulso oficial. Aunque el resto del contenido provoque rechazo en el entorno K.

Marcelo Mendieta (http://elinformatorio.blogspot.com/)