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martes, 15 de abril de 2008

Libro: El Ocaso de Perón desnuda con maestría la última y devastadora década del líder del justicialismo

"Perón es peligrosamente atractivo", afirma Esteban Peicovich que le advirtieron antes de entrevistarse con el ex Presidente en el exilio español. Lejos de dejarse amilanar por ese consejo, y más lejos aún de caer seducido por el anciano líder, este maestro de periodistas, exponente de esa raza casi extinguida de cronistas excepcionales que aprendieron el oficio a medida que lo ejercitaban, logra en El Ocaso de Perón una reconstrucción profunda, documentada, objetiva, subyugante, de la última, deteriorada y convulsionante década de Juan Domingo Perón.

El libro ofrece, sin proponérselo, una clase imprescindible para aspirantes a ingresar al mundo de las redacciones: Peicovich relata cómo le costó penetrar en ese infranqueable muro que rodeaba al personaje Perón, quien sólo parecía dispuesto a que su interlocutor escuchara lo que él quería decir, y no a responder preguntas.

Con paciencia, oficio y mucha habilidad, el autor quebró las resistencias iniciales y consiguió un trabajo brillante en el cual no sólo consiguió que hablara el protagonista sino que también lo hicieran personalidades clave de su entorno como Jorge Antonio, factotum del desembarco de Mercedes Benz en la Argentina (que vino de la mano del creador del "milagro alemán", Ludwig Erhard), y a quien Perón le confió las cartas de Evita -y que el empresario se las cedió al periodista para que las reprodujera en exclusividad-; el médico personal de Perón, Jorge Taiana padre; y hasta Pilar Franco, la hermana del Generalísimo e íntima amiga de JP.

Por supuesto, desde las tinieblas, emerge José López Rega, el siniestro secretario que devino en cancerbero de Perón. El ex agente de la Policía Federal que se hizo ascender en los '70 a comisario en trámite sumarísimo; el mismo que permaneció en la Argentina -como uniformado de esa fuerza- hasta 1962, incluso durante la llamada Revolución Libertadora, la que derrocó al peronismo, y que terminó sirviendo, y sirviéndose, de Perón y de Isabel.

El periodista Emilio Romero le dio a Peicovich una interesante definición sobre el protagonista de este título que publicó Marea: "Perón, socialista, sin marxismo; y liberal, sin liberalismo".

El Ocaso... reune, además de material inédito -textos, facsimiles y fotografías-, dos obras del mismo autor, Hola Perón, de 1965; y El último Perón, publicado después de su muerte, en 1975.

Resultan imperdibles las citas de Perón sobre el comunismo, al cual compara con el piojo -situémonos a mediados de los '60-, mientras con la otra mano lo agita como un fantasma ante políticos y militares opositores que permanecían en Buenos Aires.

En el medio, gracias a los apuntes del magistral Peicovich, su memoria y análisis prodigiosos, y a un archivo no digitalizado, surge el Perón que jugaba con la izquierda y la derecha, cuya violencia había quedado fuera de su control, el que no podía dejar de caer en las redes que tejía "el Brujo" López Rega, el que no quería volver al país para hacerse cargo de administrar una Nación dividida, varios grados por encima del punto de ebullición, el que no tenía herederos aún cuando ya se hubiera convertido en "Padre Eterno".

Marcelo Mendieta

(fotos tomadas de la web de Editorial Marea)

jueves, 20 de marzo de 2008

Lanzan libro El Ocaso de Perón con Pigna y Carrió

El maestro de periodistas Esteban Peicovich lanzará en forma oficial El ocaso de Perón el martes 25 de marzo, 19.30, en el porteño Centro Cultural Caras y Caretas, Venezuela 370.

Peicovich recorre los últimos años del líder político, la etapa final en la que ya se había convertido en “Padre Eterno”, y termina de explicar la vejez y el deterioro físico, mental y espiritual del hombre detrás de la leyenda.

El autor del libro, que publicó Marea, estará flanqueado por el historiador Felipe Pigna y Elisa Carrió.

Auspicia este artículo de El Informatorio

sábado, 23 de diciembre de 2006

Cultura: Magnífico y sorprendente libro con el Borges parlante que todos creemos conocer (y que extrañamos)

“El Palabrista, Borges visto y oído” –por mérito del gran Esteban Peicovich- evoca con gran precisión y poder de síntesis el Jorge Luis Borges parlante, irónico, polémico, hiriente; por momentos, candoroso, infantil, modesto, y en otros, lapidario, contradictorio, divertido, trágico, soberbio…

Un hombre de una inteligencia prodigiosa, una verdadera biblioteca humana, que aún ciego, logró ver la desnudez de los argentinos y del mundo. Con su personal punto de vista –valga la paradoja- no exento de provocación, desprecio, arbitrariedad, no dudó en describirnos y describirse. Y en provocar regocijo, veneración y risas como dolor, indignación o bronca en el auditorio.

En definitiva, él mismo, el único, el que creemos conocer todos –incluso los que nunca leyeron sus libros-, pero que nadie puede –ni debe- olvidar. Y que no deja de sorprendernos. El que dejó frases célebres que se repiten, se deforman, y terminan siendo de todos porque, de una forma u otra, nos afectan, nos involucran, nos retratan.

Aquí están esas mil y una citas del más grande de los escritores argentinos, resumidas en 318 episodios imperdibles, impresionantes, conmovedores, geniales. Tomados, claro está, de otras tantas entrevistas, declaraciones, a medios de prensa nacionales y extranjeros.

El libro comienza con un reportaje –una conversación en episodios magnífica, ambientada, relatada y transcripta de un modo ejemplar- de Peicovich al autor de “El libro de arena”, “El Aleph”, “Ficciones” y otras tantas obras cumbres de la literatura universal. Habla tanto de su fobia –“la publicidad”, confiesa Borges-, como de su primer juguete o de sus primeros amores cinematográficos.

Y se atreve a emprenderla contra “los rasgos demagógicos de Cristo”, o confiesa –a pesar de que le parece un error ponerle nombre de personas a las calles, dice- que le gustaría que la suya fuera una del sur de la ciudad de Buenos Aires (los legisladores porteños que creyeron homenajearlo rebautizando Jorge Luis Borges a parte de la antigua Serrano, en el norte, en el barrio de Palermo, donde se crió, seguramente nunca se enteraron de este deseo).

El Borges que habla con Peicovich aparece más de carne y hueso que nunca. Y no sólo por la anécdota –graciosa, íntima, pero sin caer en lo escatológico- en la que comparten una charla “reveladora” sobre la sexualidad inglesa, y de modo implícito sobre la de JLB mismo, en un baño, frente a un mingitorio
(¡porque Borges también orinaba, señoras y señores!).

Este álbum fotográfico de palabras y actitudes borgeanas merece ser comprado, leído, bien guardado y releído. Y recomendado. Porque nos trae ese otro Borges –no el que escribía como los dioses- sino el que hablaba -como los hombres, pero un primus inter pares-, y discurría sobre la realidad y los sueños o las pesadillas (que, a su juicio, esas tres cosas podían ser lo mismo)-, y era también antológico.

Hoy lo recupera Editorial Marea para la colección Historia Urgente (ver entrevista a la directora del sello, Constanza Brunet, en El Informatorio), ya que “El Palabrista” sólo se había editado en España, en 1980.

Da gusto leer y comentar un libro como éste que sólo puede despertar elogios y deleite.

Para concluir, el maestro de periodistas Esteban Peicovich, con su admirable pluma, no sólo dibuja –y recrea momentos imperdibles de “El Palabrista”-, sino que también juega con ella y nos hace cosquillas. Uno de los “highlights” literarios del año junto con la selección de textos de Tomás Eloy Martínez, que editó FCE.

Marcelo Mendieta