
A Hernán Brienza, a quien pertenece el párrafo citado, lo admiro y, por cierto, no lo odio. Aunque pueda disentir con su forma de ver la historia en blanco y negro, como la ilustración de la portada del libro Valientes. Crónicas de coraje y patriotismo en la Argentina del siglo XIX, en la que sólo rompe la monotonía el rojo de la sangre.
Enrolado en la corriente ideológica que lideran en los medios Felipe Pigna o Pacho O'Donnell, Brienza supera a todos sus colegas porque posee una pluma brillante, que atrapa y produce -antes que odio- envidia. Se nota que hay allí un cuentista, un novelista de potencial descomunal.
Los textos breves y espectaculares deslumbran por la urgencia del periodista, que une el relato vibrante a la belleza de un artesano de la palabra.
A diferencia de Brienza, no podría decir que odio a Mitre, Rosas o cualquier otro prócer. Diría que me gustan más unos que otros. Que ninguno de ellos fue bueno o malo. Fueron hombres, con defectos y errores. Como Brienza, como yo.

Una crítica: el epílogo, para mi gusto, debería ser el prólogo...
Un libro para que disfruten los que aman la historia (más allá de los prejuicios y los bandos ideológicos), o quienes tengan ganas de leer deliciosas y cautivantes narraciones.
No hay comentarios. :
Publicar un comentario